miércoles, 26 de noviembre de 2014

Repetición Sin Aprendizaje

Una de las definiciones más citadas de locura es repetir un comportamiento una y otra vez esperando un resultado diferente. Si buscamos un ejemplo no hay que mirar más lejos de la cámara de diputados y el congreso.

Personalmente, no milito en ningún partido porque todos tienen algo que me gusta. Como dijo el gran Chris Rock, "nadie es una sola cosa. Cualquier persona que dice lo que es antes de escuchar un problema es un idiota. Soy conservador para algunas cosas, y para otras soy liberal." Me identifico muchísimo con esa idea y no creo ser la única. En Chile nuestra primera opinión política importante está relacionada con el golpe militar, y si bien nací en dictadura, no la viví. No por eso siento menos empatía por los afectados. No por eso apruebo lo que pasó. Muy por el contrario. Es un problema del pasado y la vida continuó para todos, pero es difícil olvidar la herida que más dividió al país cuando tantos de los protagonistas de la Unidad Popular y de la dictadura continúan ocupando puestos públicos a casi un cuarto de siglo del regreso a la democracia.

No me gustan los partidos, mucho menos las coaliciones. No me entra en la cabeza que los demócrata cristianos se hayan aliado con los comunistas, pero la unión hace la fuerza. Dos partidos que no tenían relación en los setenta andan de lo más amigos en el siglo XXI. Quiero dejar claro que me gusta la colaboración, pero todos sabemos que no lo hacen para colaborar. Se unieron para tener más peso en la balanza y desequilibrar a la Alianza por Chile. Otra coalición sin colaboración. Todos podemos simpatizar con un lado o el otro, pero no se permite la objetividad si integras la cámara de diputados. No piensas, obedeces al partido.

Al pertenecer a un partido de inmediato pasas de ser objetivo a un objeto; una ficha para apostar, una carta para cambiar, otra pieza en un tablero de ajedrez. Pasas de defender ideas a defender ideologías. Antes que cualquier cosa se espera que seas DC, o UDI, o socialista, o PPD, o RN, o comunista. Pero en el esquema más pequeño y el más grande eres una persona, y por pertenecer a un partido te predisponen a siempre estar insatisfecho con las ideas de tu rival.

Los candidatos presidenciales siempre dicen "me encantaría trabajar con gente de otros partidos." Llámenlo marketing o un sincero interés en tener más diversidad, pero al fin y al cabo no funciona porque tu partido JAMÁS te permitirá trabajar para el 'enemigo'. Y es que al final hay que entender que no sirve de nada tratarnos de enemigos entre compatriotas o servidores públicos solo porque pensamos distinto. Cualquiera puede tener una opinión, pero no cualquiera puede tener una idea que va a hacer un cambio. Hay quienes proponen, pero también están los que militan solo para estar de acuerdo con alguien, para pertenecer a algo.

Al mismo tiempo hay que tener en cuenta que no es llegar y meterse en la política. Tienes que atravesar muchas barreras y saltar muchas vallas para obtener un puesto público. No todos son igual de encantadores, ni con la misma inteligencia y las habilidades varían tanto como en la vida del resto de los simples mortales. El problema es que en lugar de poner todas esas virtudes al servicio de una causa común (aunque en teoría, la causa somos nosotros), la amenaza de alguien que cree en otra manera de hacer las cosas termina entorpeciendo el proceso de mejorarlas.

Tenemos dos bandos que pelean diariamente con palabras y cuñas despectivas que buscan atacar al contrincante en lugar de proponer una salida. Tenemos 120 diputados, pero sólo hay dos voces. A veces, tres. Tenemos  gente como Andrés Zaldívar, que fue ministro de Frei... Montalva. Hoy es ministro de Bachelet. Décadas en un puesto público, y mientras agradezco su servicio al país al mismo tiempo siento que hay que refrescar la parrilla. Es cierto que la experiencia es la mejor de las virtudes en este tipo de trabajo, pero no es necesario ejercer para ser un aporte. Una cosa es entender al país, otra cosa es entender una generación y la que le sigue.

Gobernar raramente es buscar soluciones para un problema inmediato. La mayor parte del tiempo se invierte en mejorías a largo plazo para que las generaciones que vengan tengan una mejor calidad de vida. Todo es gradual. Por esto me parece importante que la gente que lleva más de 30 años en un puesto legislativo sepa cuándo retirarse y darle el puesto a alguien nuevo, con nuevas ideas, con otras experiencias, con una nueva energía. El gran pecado de la juventud es la falta de experiencia y su gran virtud las ganas de proponer, y en el caso de la madurez es renunciar a ideas nuevas y la experiencia adquirida en el camino. Tenemos que tener un poco de las dos.

Porque no les creo nada a los políticos. No les creo porque cuando abren la boca no están diciendo sus palabras, están repitiendo una idea que les alimentaron. Y luego opinan porque eso los hace sentir independientes, pero opinan de una manera que complace a su equipo. Creo que es mucho más importante defender que militar. Defender implica pasión, preocupación, empatía. Militar es obedecer y pelear, aunque muchos prefieren verlo como una lucha. La verdadera lucha es destruir el "nada va a cambiar" y reemplazarlo por "hay que hacer algo."

Hay que exigirle a los candidatos a transparentar de dónde vienen las donaciones a sus campañas. Quiero saber a quién le deben favores, con quién van a ser más permisivo, con quién van a hacer un trato para construir una nueva carretera u hospital o un túnel.

Hay que pedir que se elimine el binominal porque solo refuerza el problema. Este nefasto sistema funciona de tal manera en que al final del día lo que importa es un partido o coalición y que una persona con ideas no merece el mismo reconocimiento electoral. Somos un país cuya clase política no quiere prescindir del binominal porque les haría perder credibilidad y, eventualmente, poder.

Hay que ser más objetivos. Olvídate de las caras y voces de Coloma, Bachelet, Lavín, Escalona, Vallejo, Piñera, Zaldívar, Rossi, Larraín y escucha sus ideas. Escucha lo que proponen. Opina, pero no los descartes para siempre solo porque no estuviste de acuerdo con ellos. Son solo algunas de las personas que pertenecen a nuestra fauna política y van a seguir ahí hasta que no descubramos a alguien nuevo, así que lo mínimo que podemos hacer es darles el beneficio de la duda. Ideas, no ideales.

Hay que tratarse con más respeto. En Chile tenemos un problema de clasismo gigantesco y es una de las grandes cosas que nos dividen y que los políticos integran ingeniosamente a su discurso para ganar simpatía social. Dejemos de definir a las personas como cuico o flaite o rasca o paltón, dejemos de atacarnos por haber nacido donde nos tocó y si vamos a criticarnos que sea por lo que hacemos contra otros, no por como nos vemos o hablamos. Por supuesto que nos burlamos del otro, pero créanme que es mejor reírse con alguien que de alguien. Dos risas son siempre mejor que una. Cuando el resentimiento y el prejuicio comiencen a disiparse las energías de los políticos serán dirigidas a algo que nos puede beneficiar a todos en lugar de ponernos frente a frente a insultarnos incansablemente.

Siempre repetimos que nada va a cambiar y creo que inconscientemente nos asusta pensar en todo lo que cuesta realizar ese cambio. Pero, ¿qué es más fuerte, la falta de ganas de hacer un cambio o los beneficios y bienestar colectivo que ese cambio podría traer para todos? Tenemos que mirar para el lado, y no para compararnos y encontrar razones para descartar a esa persona que piensa distinto a ti, sino para descubrir que los dos quieren algo mejor, aunque sea de una manera distinta. Concentrémonos en la meta y no nos perdamos en los detalles del proceso porque los solucionaremos cuando nos sentemos a conversar objetivamente.

Todos creemos tener la mejor idea hasta que escuchamos una mejor. No hay que sentir envidia ni resentir a los que nos intimidan, hay que dar gracias de tener a alguien que te empuje a superarte, a ser mejor, a pensar las cosas de una manera distinta. Eso es colaborar. Eso es empatía.

Hay que hacer algo.


martes, 18 de noviembre de 2014

Reglas Básicas De Convivencia (En Transporte Público)

A continuación, algunas reglas que me parecen básicas para que no andemos tan estresados y gruñones luego de utilizar transporte público. Agreguen las suyas en los comentarios.


En El Metro
  1. Si no te vas a bajar en la estación que viene, no bloquees la puerta ni reacciones de manera molesta si alguien dice "permiso" porque debe bajarse.
  2. Si se bajan tres, cabe uno más. No me mires con cara de tres metros porque debes darte la molestia de apretarte un poco dentro del vagón para que más gente pueda llegar al trabajo a tiempo.
  3. Me encanta que pololees, pero no te pongas a agarrar en la puerta o lugares donde claramente estás bloqueando el paso.
  4. Tu bolso no necesita sentarse. 

En La Micro
  1. Todos saben que no estás durmiendo. Levántate y dale el asiento a alguien que de verdad lo necesite.
  2. No eches la foca porque te piden que pagues el pasaje. Sabes que estás equivocado. Paga y para el escándalo.
  3. Trata de ser más cordial. No eres el único que está cansado, y pedir permiso para bajar no es un insulto. Estamos en una micro. Si subimos es porque eventualmente tenemos que bajar.

En La Ciclovía
  1. No te detengas a revisar tu celular. Si es realmente necesario, muévete a la vereda.
  2. La ciclovía no es para caminar después de almuerzo con tus amiguis de la pega.
  3. La ciclovía no es una vereda más despejada, es una civlovía.
  4. LA CICLOVÍA NO ES PARA CAMINAR.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Mujer, Rompe El Silencio

Me da rabia Michelle Bachelet.

Ahí tenemos a una mujer con una historia de vida extraordinaria, que vivió en Villa Grimaldi, que fue ministra, que fue la primera mujer presidente en Chile, que tuvo un cargo importantísimo en la ONU, que está a punto de convertirse en presidenta de nuevo, y que goza de un carisma y simpatía que parece escapar de la mayoría de nuestras figuras políticas.

Ahora les pregunto, ¿pueden recordar una frase de Bachelet que haya resonado con ustedes? ¿Ha dicho algo que los inspiró, que les dio esperanza en el futuro? No. No, porque habla y habla pero no dice nada. En los debates o cuando la pillan de improvisto se confunde, se da vueltas, se tupe y sus argumentos vagan sin piedad pululando entre comodines como "...para la mujer" e "igualdad", pero cierra todo con una sonrisa.

Estamos hablando de un personaje literalmente histórico para nuestro país. Como mujer chilena, no tengo muchas personas de mi género para admirar. Si me dicen que tenemos una mujer en el sector público que tiene el currículum que menciono en el primer párrafo, lo lógico sería pensar que Bachelet es digna de admiración.

¿Dónde está el "no preguntes qué puede hacer tu país por ti; pregunta qué puedes hacer tú por tu país (John Kennedy)"? Aunque sea que algo que suene más como frase para el bronce, como "a veces... hay que escuchar la voz del pueblo (el Puma, ignorante)"? Cualquier frase o discurso que nos ayude a acordarnos de tu voz cuando lo dijiste y de cómo nos sentimos cuando lo escuchamos por primera vez.

Lo mismo puedo decir de los políticos hombres. No logro recordar frases interesantes o inspiradoras por parte de ellos, y el único que tuvo un gesto memorable fue inmortalizado por un dedo. Pero Michelle tiene una responsabilidad más grande aún. Es mujer en un país que aún tiene tendencias machistas, tanto en actitud como en sueldos, y lograr ser la presidenta. Michelle no es creyente y por lo mismo es un milagro que haya sido electa por un país que aún se considera religioso, que haya estado donde estuvo y que ahora regrese a nuestro país para liderarnos de nuevo. 

Es una responsabilidad inmensa. ¿Es injusto exigirle a Michelle Bachelet que sea más elocuente que sus pares masculinos? Tal vez, pero alguien tiene que dar el paso más duro para que las demás podamos avanzar. Nunca se me va a olvidar cuando mi padre me dijo "si estás en una situación privilegiada, tienes que trabajar el doble para merecer lo que tienes." 

No le pido a Bachelet que diga discursos como los de Obama, pero sí que se muestre más. Está tan preocupada de no quedar mal con los partidos que la apoyan que al hablar no le sale la voz. Quiero que me inspire, que me de esperanza para el futuro, que contrate a un gran escritor de discursos y que nos deje con al menos una cuña que le pueda mostrar a mi sobrina de 5 años y decirle "escucha esto" con orgullo. Vamos, Michelle. Tienes 4 años para decir algo memorable.

"Con gran poder viene gran responsabilidad", dijo el tío del Hombre Araña.

Tiene razón.

sábado, 14 de abril de 2012

Copete Gratis

ADVERTENCIA: El siguiente relato no es autobiográfico; es una combinación de historias reales pero ninguna en particular. Solo busco exponer una realidad que, lamentablemente, aún existe. La temática puede ser un poco fuerte para algunos lectores. Leer a discreción.


Después de la fonda nos fuimos a bailar. Con los estómagos llenos de empanadas tibias con cebolla amortiguada y de uno o dos anticuchos nos sentíamos más que satisfechas y preparadas para seguir festejando. El galpón estaba repleto; el ambiente vibraba con la música en vivo y ya se estaban condensando los vidrios.

Dejamos los abrigos en guardarropía porque el calor se hacía insoportable. La Rucia partió con su pinche a los sillones del segundo piso y con la Caro nos lanzamos a la pista. Todavía no hacía sed. En buena hora porque la fila para comprar era eterna. Llegaste con tu amigo y nos sacaron a bailar. Aceptamos. A eso íbamos. Te llamabas Martín y tus bromas eran algo infantiles pero no me di cuenta porque solo tenía 20 años. En ese tiempo no tenía filtro de clichés.

No bailabas muy bien pero le ponías empeño. Hacías pasos medios tropicales, esos que los chilenos hemos memorizado porque no los llevamos en la sangre. Te sigo el juego y nos reimos mucho. De a poco te vas acercando y me hablas al oído. No me gritas a pesar de lo fuerte que está la música. No es necesario. Cada vez que hablas siento calor en mi oreja y una cosquilla en el estómago. A veces un poco más abajo. Decido que me caes bien y que me gustaría que nos viéramos otra vez, pero no digo nada. Las minas somos así.

Luego de bailar toda una hora comenzamos a sudar y ya no se puede disimular. Me da vergüenza pero te lo tomas para la risa, lo que me hace sentir más segura.

"¿Querí' tomar algo?"

"Dale, vamos."

"No, quédate aquí. Voy y vuelvo."

Desapareces entre la multitud y me quedo ahí parada. Trato de buscar a la Caro pero no la encuentro. La Rucia sigue en el segundo piso tratando de crear un ambiente romántico en una multitud de extraños. Muevo mis pies al ritmo de la música pero no demasiado. Qué plancha bailar sola. Por los parlantes anuncian la última canción y las pifias no se hacen esperar. Reviso mi celular y veo que son las 3:52 AM. En mi cabeza empieza todo un argumento a favor de los carretes en fiestas patrias durando toda la noche. Soy joven y quiero pasarla bien. No estoy cansada; queda cuerda para rato.

Apareces al lado mío con dos vasos. El mío una piscola y una cerveza para ti.

"¿Salgamos?", me propones. Acepto y agradezco que no me estás mirando cuando me tomas la mano porque me sonrojé de inmediato. Recuerdo que tengo mi abrigo en guardarropía pero me dices que vuelva después cuando salgan mis amigas. Sé lo que va a pasar afuera. Sé que me vas a besar e intento anticiparme a lo que llevará a ese beso. Me pregunto qué vas a decir que va a ser tan encantador o tan gracioso o tan seductor que me dará el visto bueno.

Ya estamos afuera y el frío es espantoso. Tu auto está estacionado justo afuera del galpón y nos subimos. Me comen los nervios. Pones música mientras pruebo mi piscola. Está buena. Conversamos y la tensión es incómoda y adorable al mismo tiempo. Somos tan jóvenes; tenemos todo por delante y aquí estamos intentando conectarnos. Hasta el momento lo logramos. Me cuentas historias muy graciosas de tus amigos y de la universidad. Me haces reír mucho y más aún a medida que mi piscola desaparece.

Finalmente nos besamos. No lo haces muy bien, pero en ese momento no me doy cuenta. Tengo 20 años. Aún no conozco nada mejor. Nos reímos, nos besamos. Me tomas la mano. Todo es perfecto.

Siento que se adormecen mis piernas pero no le doy importancia. Quizás tomé mucho o algo así. Ya pasará. Pero no pasa. No las puedo mover. Lo mismo le pasa a mis manos, luego a mis brazos. Siguen mi cintura, mis hombros, todo.

"¿Estás bien?" me preguntas con una pequeña sonrisa.

No, no estoy bien. Lo quiero decir en voz alta pero no puedo. Estoy paralizada. No entiendo lo que me está pasando. El vaso de piscola, ahora vacío, se resbala de mis dedos y cae al suelo. Lo único que puedo mover son los ojos y lentamente se posan sobre el vaso plástico.

Ahora entiendo.

Enciendes el auto y te alejas cada vez más del galpón. Quiero abalanzarme sobre el manubrio o abrir la puerta o gritar o rasguñarte pero no puedo. No puedo hacer nada. Llegamos a una casa en un barrio que no conozco. Me bajas del auto y me arrastras adentro. El pánico me consume pero no se manifiesta. No sé qué mierda pusiste en esa piscola, pero podrías haber tenido la decencia de elegir una pastilla que además de inmóvil me dejara inconciente para no recordar lo que pasaría a continuación.

Me tiraste en una cama. Entraron dos personas más. Amigos tuyos, supuse. Con muy poca delicadeza me sacaron las botas y luego los pantalones. Sabía que no podía hacer nada, pero tenía la esperanza que a alguno de ustedes se le ocurriera apagar la luz.

Mientras hacían lo que querían conmigo sentí las lágrimas caer por mi rostro. El ardor se transformó en dolor. Cuando me dieron vuelta mi cara quedó aplastada contra la cama y apenas podía respirar. Pensé que la falta de oxígeno me dejaría inconciente de una vez por todas. Pero no fue así.

De pronto, una esperanza. Podía mover mis dedos. Poco, pero algo es algo. Los moví una y otra vez para no perder esa habilidad que tanta falta me hacía. Esperaba que ustedes no se dieran cuenta, pero me dieron ganas de gritar cuando el idiota de tu amigo apuntó mi mano. Rápidamente me vistieron y entre los tres me subieron al asiento de atrás. Tú, Martín, te quedaste en la casa mientras tu otro amigo idiota me llevaba a algún lugar. La noche se aclaraba. El miedo se multiplicó cuando sentí el olor del Mapocho entrar por la ventana. Pensé que me iban a tirar al río. Resultó que estaba cruzando el puente y nada más.

Unos minutos después el auto se detuvo. Tu amigo me bajó en el Forestal y me dejó en el pasto. No había nadie ahí a esa hora. Las noches todavía eran demasiado frías como para andar en la calle a esa hora. Por la cresta.

Quise girar la cabeza para ver si alcanzaba a ver la patente del auto. Algo, cualquier cosa que me ayudara a indentificarte más adelante para meterte preso, no sin antes hacerte mierda las bolas a patadas. Mis dedos se movían pero mi cuello coninuaba paralizado.

Mientras mi cuerpo despertaba junto con la ciudad me puse a pensar. Seguramente nunca te llamaste Martín. ¿Y tu amigo? ¿Y la Caro? ¿Le habrá pasado lo mismo? ¿A esto se dedican con tus amigos, "Martín", a drogar a mujeres y luego violarlas? Violación. Me pasó. Una escucha tantas historias y esperas que jamás te pase a ti. Hasta que te pasa. Y sentí terror. Terror de lo que me hicieron, terror de lo fácil que resultó para ti hacerme esto. ¿Qué va a pasar ahora? No usaron nada y quién sabe qué me pegaron. Tengo que ir a la clínica. Apenas pueda moverme pesco un taxi y le pido que me lleve a la clínica. Recién en ese momento me doy cuenta de que no tengo mi cartera. Quedó en tu auto.

Mis pies recuperan la sensación lentamente. Recuerdo cuando te acercaste a mí en el galpón. Todo lo que conversamos, todo lo que reímos. Me habías caído bien. ¿Por qué hiciste esto? ¿Era necesario? Si no hubieses resultado ser un hijo de puta enfermo y depravado podríamos haber salido como jóvenes normales. Lo habríamos pasado bien. Habríamos ido al cine, habrías tomado mi mano en la oscuridad de la sala. Saldríamos a más carretes, conocerías a mis amigas. Habríamos pololeado eventualmente. Te habrías sentado en mi mesa con mi familia.

Cuando finalmente puedo mover mis manos me las llevo a la cara y me largo a llorar.

***

Han pasado tres días desde esa noche. Cuando finalmente me pude mover me levanté y me fui al primer paradero que encontré. No sé qué cara tenía cuando me subí pero el chofer se compadeció de mí y me llevó gratis. No fui a la clínica. No fui a la comisaría. Estos tres días he sido un fantasma.

Salgo de la ducha y me miro al espejo. Todavía tengo moretones y marcas rojas en mi cuerpo. Me duele cuando me siento y no logro ponerme cómoda. El malestar físico y psicológico me consumen. Casi no hablo, casi no salgo de este trance. Ya no siento miedo ni rabia.

Siento vergüenza.

Vergüenza por no haber sido más cuidadosa. Vergüenza por permitir que esto ocurriera. Siento que es mi culpa. Sí, fue mi culpa porque rompí la regla de oro: NUNCA aceptes un trago de un hombre a no ser que mires con tus propios ojos cómo fue preparado de principio a fin. Me rompo la cabeza pensando por qué lo acepté, y ya tengo una respuesta que me hace sentir aún más idiota: porque no quería quedar como "cuática." Tanto que nos critican por ser desconfiadas y perseguidas, tantas veces nos han dicho que los hombres que te van a dañar son la minoría, que la mayoría no anda en esas y que solo quiere pasarla bien. ¿Cómo no te iba a aceptar ese copete, "Martín", si ya llevábamos una hora bailando y conociéndonos? Ya existía confianza. Ya nos tirábamos tallas y me hiciste pensar que te caí tan bien que me quisiste regalar un trago. ¿Cómo iba a rechazar un copete gratis?

***

No es hasta seis semanas después que me atrevo a contarle a mis amigas lo que pasó. De inmediato me abrazan y me consuelan mientras no dejo de llorar. Llaman a mis padres. Mi mamá llora conmigo, mi papá tiene una mirada de asesino. Nunca lo había visto así. Vamos a hacer una denuncia pero nos informan que es demasiado tarde. Mi papá se pone a gritar y un carabinero se acerca para pedirle que se calme. Ha pasado demasiado tiempo. Seis semanas. No hay ninguna evidencia. El tipo con el que bailó la Caro desapareció del mapa después de esa noche y no intercambiaron datos. Por más que lo intente la Caro no logra recordar su apellido. Cientos de personas me vieron salir de la mano de Martín de ese galpón pero ninguno de sus testimonios sirve porque no los conozco y ninguna registró ese momento. No sé la dirección de la casa donde me llevaron. No tengo la patente del auto. No sé el nombre de "Martín". No se puede recuperar evidencia física de mi cuerpo porque ya deseché la droga y el ADN de los tres hijos de puta ya desapareció. Lo único bueno de la situación es que no estaba embarazada ni tenía SIDA ni ninguna enfermedad venerea.

Salimos de la comisaría derrotados. Mi mamá llama a un psicólogo para que empiece una terapia. Mi papá no habla por horas y cuando lo hace su tono es duro. Sé que si llega a pillar a Martín lo mataría a golpes.

***

Han pasado dos años desde esto. Me costó volver a salir, me costó volver a confiar, pero lo logré. Ahora estoy pololeando y estoy muy contenta. Quizás tú también estás pololeando, Martín. Quizás llevas una vida normal. Quizás dejaste todo esto en el pasado porque en el minuto te dio lo mismo lo que estabas haciendo. Espero que no lo hayas vuelto a hacer. Espero que tus amigos tampoco. Si bien me da rabia que hayas quedado impune, por otro lado me tranquiliza saber que mi vida continuó.

Estamos en una fiesta de año nuevo con Gabriel, mi pololo. Faltan aún dos horas para las 12:00 pero la fiesta está prendidísima. Nos abrazamos y sobre su hombro creo verte. Se me congela la sangre. Me miras de vuelta y por cuatro segundos nada nos interrumpe. Sé que fuiste tú. Sé que sabes quién soy. Pero eres tan cobarde, tan poco hombre, tan colosalmente imbécil, que miras para otro lado y desapareces.

Seguirás arrancándote pero nunca encontrarás asilo. El día de mañana tu mayor castigo será tener una hija y pasarás el resto de tu vida aterrado de que ella se tope con un hijo de puta como tú.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El Problema de Britney.

Ayer, al igual que miles de personas, asistí al concierto de Britney Spears en el estadio nacional. Mientras todos se fijaban más en su cuerpo y en los temas que faltaron, en varias ocasiones me sorprendí a mí misma parada en cancha, mirando el monitor gigante con la imagen en vivo de la princesa del pop... y sintiendo pena por ella.

Britney ya no es la performer que fue a comienzos de los '00. No baila con el mismo entusiasmo, no dobla con exactitud (todos sabemos que Britney no canta en vivo), y los únicos momentos genuinos del show fueron cuando hacía una pausa y los fans gritaban con éxtasis. Y se le escapaba una carcajada, como si se acordara que por ésto (y por los millones) renunció a su vida privada. Fuera de esos momentos de espontaneidad, Britney era un robot. Ahora toca mover los brazos así, ahora toca doblar esto, ahora me muevo para allá. En su cara se veía que llevaba una lista mental de las cosas que tenía que hacer. Se veía concentrada, como si en cualquier momento se le fuese a escapar el control.

Sí, el setlist dejó mucho que desear (¿cómo no cantó Oops! I did It Again?), lo que hay que considerar es qué tipo de artista es Britney; qué va a hacer en las próximas décadas.

1- Britney no es cantante.
Britney nunca se ha destacado por sus cuerdas vocales. Tiene una voz de niña que puede asumir matices sensuales en segundos, pero no es cantante. Christina Aguilera es cantante. Viene de la misma escuela de Britney, pero tiene un vozarrón impresionante (siempre he sentido que Christina necesita trabajar con otros productores y no tratar de ser pop, sino enfocarse en el estilo que explotó con su personaje Baby Jane). Ella puede cantar en vivo por hora y media y dejarnos impresionados a todos con su histrionismo vocal. Eso no ha pasado ni nunca pasará con Britney y todos los sabemos. Eso no es lo que nos quiere vender.

2- La Letra.
Sí, Britney ha escrito algunas canciones, pero ninguna que nos revele alguna capa de profundidad o nos de un vistazo a su intimidad. Las canciones que escriben para ella tampoco tienen un ápice de profundidad que trascienda lo pop, lo que hace que su catálogo de canciones esté limitado a éxitos de ese género (y ahora último dance, lo que me parece una buena jugada de su parte), pero ninguna balada. Don't Let Me Be The Last To Know es un placer culpable, pero nada más. Desde su producción musical y letras e interpretación, nadie la recordará como un himno como sí lo fue Beautiful. I'm Not A Girl, Not Yet A Woman pudo haberse acercado más, pero no la incluye en su repertorio en vivo, quizás porque le parece anacrónico cantar sobre ese tiempo entre adolescencia y adultez cuando está a punto de cumplir 30 años. El no tener una balada hit no le permite sentarse al lado del piano a hacer una sentida interpretación y dejarnos a todos con nudo en la guata. Y ahí está el otro problema: sus canciones no te hacen pensar. Te dicen lo que siente. Todos los cantantes hacen una canción sobre la fama; Britney hizo Lucky. Lucky, CSM. LUCKY.

3- Baile/Se Nos Vino el Viejazo
Britney no es vieja. De ninguna manera. Pero ya no tiene 21. Creo que 27 es una edad aceptable para que un cantante baile todos sus temas. La coreografía entretiene, pero no puede ser el 50% de tu show cuando el otro 50% es playback, menos cuando no le pones empeño a ninguna de estas partes. Madonna baila en sus shows, pero no es todo lo que hace. Se mueve, manosea a los bailarines (porque eso es lo que hace Madonna), da unos pasos, pero no sigue la misma coreografía del cuerpo de baile. Tiene sus propios movimientos, y cuando los ejecuta, lo deja todo. Hace la pega. Britney se veía tan desganada y mecánica moviéndose (a medias) que uno se pregunta para qué se molesta. Y es porque así comenzó su carrera, así siguió, así nos la vendieron, y nunca tuvo la transición a "Mi Disco Serio/Emocional"... porque tampoco se lo pedimos, y tampoco creo que nos guste, porque Britney no es de esa onda. En una entrevista le preguntaron cuál era su mayor desafío y dijo "hacer ejercicio." Esa es toda la profundidad que nos deja ver, y jamás sabremos si hay más ahí. Como no puede tener un disco personal, tiene que seguir haciendo pop y dance, y ella cree que la única manera de ser estrella pop y dance es si baila durante todo el show. No es así. Mira a Cher. Mira a Madonna. Deja que los bailarines hagan la pega, tú pasea por el escenario, juega, etc... No tienes que bailar si no quieres, pero si lo vas a hacer, por la chucha: PONLE EMPEÑO.

4- Público objetivo.
Britney primero encantó a adolescentes, hombres y mujeres. Luego le vino el nervous breakdown y ya no se veía guapa y (la mayoría de) los hombres la cambiaron por nuevas cantantes con más pelo y menos kilos. Las mujeres nos quedamos porque pucha, es Britney. Crecimos con ella, hay cariño, y nos encanta burlarnos de E-Mail My Heart al mismo tiempo que la cantamos con ojos cerrados y puños dramáticos. Britney lo estaba pasando mal, le querían quitar a sus hijos, terminó en el hospital agobiada por paparazzi y necesitaba que la apoyáramos. Sin embargo la vimos en el escenario anoche y lo que más se escuchaba era "está gorda." Britney no está gorda, pero sí está pasada de peso en comparación a como se veía en Slave 4 U. Y ya no tiene para qué tener ese cuerpo perfecto. Ya es una estrella, ya no tiene 21 años y ya tiene dos hijos. No es esclava de dietas, lo pasa mejor (eso espero), está más en control. Anoche la vi más rellenita, pero no gorda. Tenía todo bien afirmado y lo que más le critiqué con respecto al físico fue el pelo y el vestuario (excepto el kimono que usó para Toxic). Entonces, ahora que los hombres no la encuentran rica y las mujeres le estamos prestando más atención a cantantes con catálogo más rico (como Adele y Lady GaGa), ¿quién vendrá por Britney? Simple: la comunidad gay. Fueron los que más cantaron, los que mejor lo pasaron, los que menos criticaron a la princesa caída en desgracia.

5- Factor X
Britney es similar a Madonna en términos de ser una megaestrella con poco talento. Las dos se vendieron bien: Madonna usó el sexo, Britney la imagen All-American Girl (y luego su etapa 'I'm not that innocent'), las dos bailan, las dos tienen una gran lista de hits que fueron hechos especialmente para discoteques, las dos viajan con giras espectaculares. Pero Madonna tiene algo que Britney no demuestra: ambición.

Y vuelvo a mi punto del comienzo: Britney se veía aburrida, desmotivada. En su cara se leía "I'm over this shit", pero sigue arriba del escenario, haciendo una performance a medias... porque como que ya no le interesa. Puede quedar Britney para rato, siempre y cuando se reinvente como ya lo hizo Cher, como lo hizo Madonna, como lo hace con tanto empeño Lady GaGa. Pero que le ponga empeño. Póngale Wendy, Britney. La estaremos esperando. Y si ya te aburriste, entonces viva su vida, mija. Hay 10.000 chicas que quieren ser la próxima Britney, y de ti depende darles la pasada, o bloquearles el paso y decirles: It's Britney, bitch.